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por Mario Ballesteros

3/5
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Después de filmar la versión con actores reales del clásico de Disney Aladdin, Guy Ritchie se sacude la arena del desierto con “The Gentlemen”, una historia sobre la mafia londinense, un género del que el director ya ha hecho su hábitat natural como ya demostró en películas como Snatch, cerdos y diamantes (2000) o Rock´n Rolla (2008), terreno dónde maneja con brío el ritmo de la acción y da rienda suelta a su estilo visual lleno de planos aberrantes y ángulos de cámara imposibles. 

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The Gentlemen muestra la historia de Michael Pearson (Matthew McConaughey), un hombre de negocios que ha triunfado montando un sistema de distribución de Cannabis único en Inglaterra, pero ahora quiere vender todo su imperio valorado en miles de millones de dólares y retirarse para vivir una vida plácida, aunque ninguno de sus compradores está dispuesto a ponérselo fácil. Toda esta operación será el origen de múltiples tramas que implicarán a la mafia rusa, a la realeza británica y hasta un periodista que intentara sacar tajada también. Sobornos y chantajes se sucederán en una vertiginosa lucha por el poder. 

Toda esta historia, que no es nada del otro mundo si pensamos en lo que ya hemos podido ver en otras películas en este género, brilla con luz propia gracias a tres factores que pivotan alrededor de la película y que son tan de la marca de la casa de Ritchie que o bien los amas o bien los odias.

El primero es la brutal constelación de intérpretes que forman el elenco de la cinta. Un grupo de actores que, más allá de lo caro que se pague su autógrafo, responde como una máquina perfectamente coordinada, mención especial al trabajo de Hugh Grant (Love Actually, Siete bodas y un funeral) encarnando a un zafio periodista Cockney y a Collin Farrel haciendo de una versión barriobajera de un entrenador con síndrome de Hermano Mayor.

El segundo factor que desmarca esta cinta es el ritmo con el que el director maneja la narración. La película es un gran flashback contado por el personaje de Hugh Grant y esto permite al director abrir la narración a saltos en el tiempo, vueltas, paradas, voces en off, falsas secuencias… Un ejercicio de virtuosismo que puede llegar a recordar a Scorsese por momentos y que hasta se toma licencias metacinematográficas en un montaje ágil y desenfrenado.  

El tercero podría ser el elemento quizá más representativo del cine de Guy Ritchie, esa querencia por generar una atmosfera llena de personajes marginales, de maneras hoscas que delatan su baja extracción social, pero que medran en la sociedad sin llegar a venderse. Hasta en una película donde prácticamente todos los personajes son grandes mafiosos, estos mismos no renuncian a su pasado de los bajos fondos, y son estos orígenes con los que el director logra redimir y humanizar a todos sus personajes.

The gentlemen  supone un ejercicio de género perfectamente ejecutado que dista un poco de los mejores trabajos de su director pero que, sin embargo, denota un nuevo giro hacia el estilo por el que se hizo grande.

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