por José A. García Juárez

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Okko
Kitaro Kosaka, uno de los nombres de referencia de la animación nipona, presente en algunos de los títulos más representativos del estudio Ghibli a la sombra de Miyazaki, pero también en el equipo de filmes referenciales, como Akira, inicia su periplo en la dirección de largometrajes con Okko, el hostal y sus fantasmas (Okko’s Inn), adaptación de la novela homónima de Hiroko Reijo, escritor de literatura juvenil, responsable entre otras de la saga Wakaokami wa shogakusei.

Okko… abunda en la tradición oriental de los espíritus, bien en el papel de ángeles guardianes o bien, como los yokai o los demonios, responsables o incitadores de las malas acciones de los vivos. Se adentra en la solemnidad de las viejas tradiciones, la comunión del hombre con lo natural, la naturalidad de lo sobrenatural ligado a lo surreal, la energía en las cosas que rodean a los personajes y la prosopopeya como ejercicio de amor hacia el hábitat. Pero también tangencialmente refleja esa perenne actitud, hospitalaria y discreta, de la cultura japonesa hacia el extraño.

Kosaka abre su narrativa a un público heterogéneo, incluso más adulto que juvenil, algo que se hace presente en la dialéctica entre la oscuridad que transmite la historia de la niña, y los guiños más pueriles que representan en la acción los roles de los fantasmas Uribo y Miyo. Con un humor muy contenido (sin renunciar a bromas escatológicas, e incluso al slapstick) y una distancia que, desde la manera de hacer y de ver cine occidental puede llegar a parecer casi impasible o insensible por momentos, la película dibuja la historia de una gran tragedia. . A través de una fantástica elipsis y con el manejo espléndido del flashback y de los insertos, fundidos con los deseos, sueños y visiones etéreas, espectrales que se tornan en más humanas que los humanos que rodean a la protagonista, el film teje el viaje interior -y físico- de Okko, de la Okko niña bajo el aura protectora de sus padres, a la joven enfrentada al reto de superación de la tragedia, aprendiendo a ser adulta junto a su abuela, trabajando como encargada del Spa Hananoyu, en la ciudad balneario Harunoya. El tema de la muerte y la negación de la misma desde los planteamientos inmortales de la infancia impregna todo el filme de una pátina aflictiva desazonadora.

Okko, el hostal y sus fantasmas

El alma de la historia descansa en esa superación dolorosa, en el muro a nuestros sentimientos que hemos de aprender a construir para poder continuar existiendo, un éxito vital que no deja de desnaturalizar al hombre como ser humano. Un muro que ocultará para siempre a los fantasmas que nos persiguen, los miedos no superados, las cuentas pendientes con nuestro pasado.

Estéticamente el film no supera su condición de anime a la manera tradicional del mismo, constreñido por su estatismo, un dibujo en cierto modo naif, dentro de la estética kawaii de las series como Pokemon o Doraemon y, eso sí, una gama de colores desbordante que ilumina y embellece los contados momentos de acción. Si bien la planificación, plagada de cenitales que quieren dar constancia de ese demiurgo que al final hace que todo rija como debe, y el experimentado empleo de los tiempos, con el uso milimétrico de los ya mencionados flashbacks para reconstruir como un puzzle el alma rota de Okko, dejan en un segundo plano esa inconcreción estética de la que, sin ir más lejos, Miyazaki huyó en diversas ocasiones.

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Sin la redondez de otras obras de su pasado como animador, Okko, el hostal y sus fantasmas supone un comienzo relativamente brillante en la carrera como realizador de Kitaro Kosaka, una cinta de ritmo un tanto pausado y una tonalidad más bien oscura, despiadada para el público más joven, pero que mantiene un equilibrio entre su primer acercamiento objetivo y frío, los apuntes de jovialidad que destilan sus personajes más gamberros, y la calidez final como contrapunto emocional a esa espera indeterminada y cruel de Okko. Espléndido debut, de visionado no excesivamente amable y con ciertas innovaciones dentro del subgénero, esencialmente en el plano emocional. Absolutamente recomendable.

Calificación de la película
5/5

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Última modificación: 3 junio, 2019

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