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Por Julio Vallejo

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Calificación
3/5

UNA COMEDIA VITALISTA QUE DENUNCIA EL VIEJO PATRIARCADO

El mayo del 68 en París, la contracultura estadounidense y las diversas revueltas en varios países de Europa demostraron que corrían nuevos aires de libertad en la segunda mitad del S. XX. Las mujeres, las minorías étnicas y los homosexuales alzaron con fuerza su voz y empezaron a conquistar derechos hasta entonces negados.

Martin Provost, director galo que exploró la identidad femenina en cintas como Séraphine o Dos mujeres, se adentra en Manual de la buena esposa en aquella etapa de cambio donde los nuevos valores se empezaron a imponer a los viejos que habían regido durante cientos de años. Lo hace a través de la historia de una institución de señoritas, situada en la región francesa de Alsacia, que enseñaba a sus alumnas cómo ser una buena ama de casa, amante esposa y madre. El tiempo elegido no es fortuito: los años 67 y 68 del pasado siglo, el periodo en el que fue más evidente el descontento de ciertos sectores de la población con el antiguo sistema.

CRÍTICA DE LA DOBLE MORAL EN EL MATRIMONIO BURGUÉS

Lejos del dramatismo de algunas de sus obras más reconocidas, Provost, con la ayuda en el guion de Séverine Werba, nos ofrece una comedia ligera que critica la doble moral y apuesta por el feminismo. Quizá lo que llama más la atención sea el retrato de esas particulares instructoras que eran las encargadas de formar a sus alumnas como verdaderas esclavas de los hombres sin que muchas veces tuvieran conciencia de ello.

En la ficción, la muerte del director del centro educativo abrirá los ojos a la esposa (Juliette Binoche) y a la  hermana de esta (Yolande Moreau), las dos peculiares maestras, y, en menor medida, a la tercera en discordia, la monja Marie-Thérèse (Noémi Lvovsky). El trío se dará cuenta que la presunta rectitud moral del hombre que adoraban era pura fachada y, poco a poco, descubrirán que ellas mismas son las encargadas de perpetuar un injusto sistema patriarcal del que ellas mismas son víctimas.

Como decía Bob Dylan, “los tiempos estaban cambiando”, y por eso Provost, sin demasiadas proclamas, va mostrando a unas mujeres que dejan a un lado corsés morales para vivir de la manera más plena posible. Gran parte de la efectividad del filme recae en su trío de actrices protagonistas. Juliette Binoche borda a una directora que descubre que ha malgastado su vida al lado de un marido hipócrita y mentiroso, mientras que Yolande Moreau imprime la necesaria candidez a la hermana del patrón que se libera escuchando canciones románticas. No menos destacable es el trabajo de Noémie Lvovsky, hilarante como la religiosa estricta que lo mismo se esconde para fumar que aparece en la terraza con una escopeta en la mano en medio de la noche.

En resumen, Manual de la buena esposa se revela como una simpática película que reivindica el derecho de las mujeres a escoger su propio camino para ser felices sin estúpidas costumbres que solamente provocan frustración y tristeza. Quizá por esta razón Provost termine su película como si fuera un musical, con las chicas en ruta hacia la revolución parisina, y rindiendo homenaje al género cinematográfico que mejor ha expresado la alegría de vivir.

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