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Por Mario Ballesteros

Calificación
2.5/5
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Britt Marie (Pernilla August) es un ama de casa que lleva 40 años viviendo la misma vida aséptica con su marido. Sólo la limpieza y el orden ponen paz en una rutina autoimpuesta que la salva de pensar en que su matrimonio se desmorona. El descubrimiento de una infidelidad llevará a Britt Marie a romper con su matrimonio aceptando la única oferta de trabajo que ha podido conseguir a su edad, ser la entrenadora de un equipo de fútbol de niños en una recóndita ciudad dormitorio.

A CONTRACORRIENTE DE LA CULTURA DEL ÉXITO

Por suerte o por desgracia los tiempos en los que nos ha tocado vivir, están cada vez más influenciados por una cultura que pone en valor al individuo según el éxito que cosechen durante su vida, esta cultura del triunfo o del miedo al fracaso (como se quiera ver) encuentra su epítome en los deportes de competición donde la máxima “vivir para ganar” adquiere todo su significado.

Eso está muy bien señor Ballesteros, “pero yo he entrado aquí para leer una crítica sobre una comedia sueca”, pensará alguno de ustedes. No les falta razón, pero me parecía importante esta pequeña digresión para abordar el análisis de La nueva vida de Britt Marie, que sin ser una gran película, solo por confrontarse a dicha cultura del éxito, merece un visionado empático, ya que aunque el film no procura grandes interpretaciones ni sorpresas (más allá de la presencia de la ya veterana actriz Pernilla August, aquella “nana” de Fanny y Alexander) contiene una idea que subyace y que es del todo revolucionaria, al transmitirnos que el fracaso es igual de necesario que el éxito, sino más. Y es que en el cine, no así en la vida, la intención, a veces sí que cuenta (y hay que valorarla).

UN MODELO DE COMEDIA CONFORTABLE CON POSO DE DÉJÀ VU

Da la impresión de que Tuva Novotny haya querido apostar por una narrativa muy sobria, quizá demasiado, intentando asegurarse el carácter pedagógico y moralizante del film, pero dejándose por el camino el carácter liviano y cómico de este modelo de comedia, que ya hemos visto tantas y tantas veces, sobre todo en los 90 con ejemplos como Somos los mejores (Stephen Herek, 1992) o The Sandlot (David M. Evans, 1993). Por eso quizás, a La nueva vida de Britt Marie cabría exigirle, más allá de su pulcritud narrativa, que hubiese cargado más las tintas en el carisma de los personajes, y en especial en el de su protagonista.

Mi vida con Amanda: un retrato peculiar de la Ciudad de la Luz

Además, Mi vida con Amanda ofrece un retrato contemporáneo, fresco y cálido de París, con un entorno menos habitual, más privado, para nada iconográfico de esta capital del turismo, ya que se podría pensar que en realidad nos encontramos ante cualquier otra gran ciudad del mundo. Solo la estética, un tanto melancólica, retro y granulada, como de película analógica, pero muy luminosa, nos retrotrae a esa atmósfera afrancesada, lo que sirve como contrapunto del drama que viven los personajes. Y es que Mi vida con Amanda es una conmovedora película que desde la trágicas repercusiones del terrorismo nos cuenta una emotiva historia fraternal.

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