por Adelaida Valcarce

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High Life Crítica

Claire Denis nos presentó en el 2017 una maravilla tan simple como precisa encabezada por un personaje que, pese a lo poco agradable que resultaba, llegaba a emocionar con su sencillez. Se trataba del film Un sol interior. Irónicamente, hemos descubierto en entrevistas con su directora que aquel proyecto no era más que una pausa forzaba a la espera de encontrar la financiación para su gran proyecto espacial High Life. La frescura, la transparencia y modestia de la aquella cinta tan singular se sitúa en las antípodas del nuevo film de la realizadora, que pese a todo, no deja de ser una cinta misteriosa de gran interés. De tan diferente, resulta en cierta forma hipnótica. High Life se presentó a concurso en la 66ª edición de la Sección Oficial del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y pese a ser galardonada con el Premio Fipresci, levantó una fuerte controversia tras su recepción.


Esta incursión en la sci-fi de Denis llega a las pantallas española ahora, de la mano de dos protagonistas de relumbrón, como son Robert Pattinson y Juliette Binoche, y nos introduce en la historia de un grupo de presos sin esperanza, que rescatados desde el corredor de la muerte, se prestan a servir como experimento en un viaje espacial. La acción se desarrolla en el universo más remoto, con Denis exhibiendo su narrativa característica, mezclando el presente con el futuro y el pasado sin seguir una línea temporal clara. Aunque conviene destacar aquí el magistral prólogo del film: un astronauta en el espacio repara el fuselaje cuando oye llorar a un bebé por el transmisor. Al entrar en la nave, un rectángulo negro en la puerta, simbolizando la inmensidad del universo, sirve para lanzar los cadáveres del resto del casting al vacío espacial. Todo ello antes que el título de la película aparezca. Y aunque después de empezar de manera tan arrolladora, el interés del film va decayendo poco a poco, sorprende por su genuina manera de acercarse al género.

HighLife

Me explico: en High Life asistimos a un viaje inquietante, asfixiante, con unos personajes desechados por la sociedad que se saben cobayas humanas. Y lo aceptan a fin de escapar de la cárcel.  Un escenario donde el sexo y la violencia es algo habitual, pero dónde hay también algún elemento capaz de redimir al ser humano. En esta penitenciaría espacial, donde el ciclo vital es de un solo día y hay que conseguirlo cada 24 horas, no hay camino, ni futuro, ni meta pero sí se atisba la vida abriéndose paso, divisándose un horizonte esperanzador. La película  tiene el mérito de filmar algo que no se parece en absolutamente nada a las película rodadas previamente (y a la mayoría de las que están por llegar, es de suponer) sobre viajes espaciales. Un rara avis fílmico difícil de contextualizar. Tan sugerente y narcótico como irritante y grotesco. Una experiencia inteligente, abrumadora en la fotografía y en el diseño sonoro, así como en la concreción de su dirección artística y en lo desfasado, perturbador y algo hilarante de sus instantes más sexuales o violentos. Una película irregular que no es para todo el mundo, pero absolutamente recomendable. El trabajo más original de entre los estrenos de las últimas semanas, que se convertirá en obra de culto para algunos y una pérdida de tiempo para otros. Juzguen ustedes mismos.

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Última modificación: 10 marzo, 2019

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