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Por Julio Vallejo

Calificación
3/5
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CRÓNICA DEL DESARRAIGO

El año que dejamos de jugar, la película de Caroline Link, parece un particular complemento de En un lugar de África, el trabajo con el que directora alemana logró el premio Oscar a la Mejor Película Extranjera. Ambas nos muestran a dos familias judías que se exilian huyendo del nazismo, aunque en esta ocasión sean países europeos los lugares de acogida en vez de Kenia. Por otra parte, las dos comparten temas muy queridos por la directora, como el choque de la cultura alemana con la de otros lugares, presente en Exit Marrakech, o los sensibles retratos de personajes infantiles y juveniles, protagonistas también de Este niño necesita aire fresco, Hace un año en invierno, Ana Luisa y Antón y Más allá del silencio.

EL EXILIO DESDE LA MIRADA INFANTIL

Como suele ser habitual en la cineasta alemana, ha escogido una base literaria para su película, en este caso el libro autobiográfico Cuando Hitler robó el conejo rosa, escrito por su compatriota Judith Kerr. Los espectadores somos testigos de las particulares penurias que pasa un clan burgués al dejar Alemania poco antes de la llegada del partido nazi al poder y su peregrinaje por países como Suiza o Francia. Los problemas para encontrar trabajo del padre, la nostalgia por aquellos que dejaron en su país natal y las dificultades para adaptarse de la pequeña protagonista y su hermano son los asuntos que trata el filme con la habitual sensibilidad para los relatos familiares de su realizadora.

El año que dejamos de jugar_3
El año que dejamos de jugar_2

Todo, eso sí, mostrado desde el punto de vista de la pequeña Anna Kemper, que irá su forjando su carácter como persona y escritora a través de las dificultades que tendrá que afrontar junto a sus progenitores. Quizá la intención de la cineasta germana sea enseñar a sus compatriotas, y por extensión a todos los europeos, que nosotros también fuimos migrantes hace unas décadas y, por tanto, deberíamos empatizar con la difícil situación que tienen aquellos que acuden a nuestros países huyendo de la guerra y la persecución política.

ACADEMICISMO Y BUENAS ACTUACIONES

Link vuelve hacer gala de su meticulosidad a la hora de reconstruir una época pretérita y dirige con primor a unos actores que nunca caen en el histrionismo. Especialmente memorable es el trabajo de la intérprete infantil Riva Krymalowski, que encarna con su luminosa mirada y sin innecesarios aspavientos a esa niña que deja atrás una vida acomodada para enfrentarse a un día a día donde lo más importante es la mera supervivencia.

Sin embargo, como ocurre en tantas películas de época provenientes de Alemania, El año que dejamos de jugar acusa un excesivo academicismo que, en ocasiones, provoca una sensación de cierto acartonamiento y frialdad, dos aspectos que restan algo de intensidad a una emotiva cinta que viene a sumarse al subgénero de largometrajes que abordan la infancia en tiempos de nazismo, donde se encuentran títulos como El diario de Ana Frank, El niño del pijama de rayas, La vida es bella o la reciente Jojo Rabbit.

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