por Adelaida Valcarce

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Dloor y Gloria

Un fino hilo casi imperceptible une toda la filmografÍa de Pedro Almodóvar. Cada película tiene mucho de él y su mundo, de sus recuerdos en definitiva. La órbita cosmopolita de Madrid, se opone a esos pueblos de la España profunda, con personajes rudos, fuertes y sobre todo muy de verdad.

Lo local le sirve a Pedro para ahondar en sentimientos que en Dolor y Gloria nos muestra como en ningún otro de sus films. Nos encontramos ante un realizador menos provocador que el de  antaño, que bascula de la comedia al melodrama y que muestra de forma nítida su realidad, sus miedos y sus afectos, su vida interior en fin. Lo hace como siempre sin renunciar a la riqueza de su universo.


En la película, Salvador Mallo es un director de cine muy reconocido que lleva años sin hacer películas. Vive una existencia marcada por sus malestares físicos pero también por los dolores del alma. El detonante que dispara la trama es la restauración de una de sus antiguas películas y su exhibición pública en la Filmoteca Española, con la idea de que él la presente junto con uno de los actores que allí actuaba y con el que no se habla desde el rodaje. Además, durante este periodo de crisis de Salvador, este se evade recordando el pasado en sutiles ensoñaciones que viajan a la infancia del director, y a la especial relación que tiene con su madre y que ha influido también en la forja de su personalidad.

Realmente, Dolor y gloria se centra en la necesidad de alcanzar una supuesta redención a través del arte, y habla también de la indisoluble unión entre la propia vida y las pasiones formales del cineasta Mallo (interpretado por un inspiradísimo Antonio Banderas). La película es una magnífica encrucijada de auto referencias, de fragmentos que pueden considerarse relatos costumbristas y de una metaficción de abundantes meandros que provocan que el espectador salga y entre del torrente argumental central, sin que consiga dilucidar nunca del todo qué separa la realidad de la ficción en lo que le están contando. En este sentido, puede decirse que esta es la película en la que más fácil es vislumbrar al auténtico Almodóvar, sin que en ningún momento esta revelación resulte impúdica.

Dolor y Gloria - Almodovar

Probablemente nos encontremos ante una de las mejores cintas de la carrera de Pedro.  El manchego se mueve como pez en el agua a lo largo del metraje, en una historia con marcado tinte autobiográfico. En este sentido, Antonio Banderas se metamorfosea y se reinventa para convertirse en la viva imagen del realizador. Le complementan perfectamente Asier Etxeandía (el actor heroinómano), Nora Navas (la asistente) y Penélope Cruz y Julieta Serrano (quienes interpretan a la madre de Salvador durante su infancia y madurez, respectivamente). Estos actores de gran recorrido profesional se entremezclan con otros nuevos, y la simbiosis resulta perfecta. Dolor y gloria engrosa la exitosa y singular filmografía de Pedro, quien revierte la aparente austeridad del film para implicarnos en un viaje emocional excelentemente armado por medio del guion y del montaje. Almodóvar cura de esta manera sus viejas heridas, en las que el dolor y la gloria han estado muy presentes, casi tanto como el deseo.

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Solo una recomendación última al espectador: disfrute de los pequeños detalles siempre tan cuidados por el director, vea lo que enmarca en cada plano: sus fotos familiares, los cuadros que ama y decoran las estancias, los libros… Y déjese llevar también hasta su niñez, a esa sutileza y calidez que le han convertido en el artista que ahora. Estamos ante una confesional obra maestra para disfrutar una y otra vez.

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Última modificación: 30 marzo, 2019

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