por Adelaida Valcarce

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Afiche Atardecer

László Nemes debutó en el año 2015 con El hijo de Saúl, un drama sobre el Holocausto con el que el director húngaro ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Para su segundo largometraje, Atardecer, presentado en la 75ª edición del Festival de Venecia, el realizador ha decidido viajar aún más atrás en el tiempo, hasta el momento anterior al estallido de la I Guerra Mundial. Coproducción entre Hungría y Francia, la película busca sumergirnos en el ocaso de una época, de ahí el evocador título. Huyendo de Trieste debido a diversos problemas personales, la joven Irisz Leiter (Juli Jakab) llega a Budapest esperando encontrar trabajo como modista en una célebre tienda de sombreros que había pertenecido a su familia. Una vez en el establecimiento, descubre que tiene un hermano del que no sabía nada, un personaje misterioso y odiado por muchos, pero que es un referente revolucionario en la ciudad. A pesar de todas las advertencias en contra, Irisz está decidida a buscarlo, aunque para ello deba sumergirse en una ciudad sumida en la violencia y al borde del estallido político y social.

Atardecer comparte muchos elementos de estilo con El hijo de Saúl. Está rodada en 35mm y se centra en la misión particular de un personaje desde una perspectiva singular. La cámara sigue a la protagonista mientras se mueve rápidamente a través de distintas localizaciones. El encuadre nos permite entrever el alboroto que reina en la ciudad, y los personajes que la protagonista se va encontrando se convierten en pistas de un rompecabezas. La cinta está hermosamente filmada: en las primeras escenas las calles están saturadas de luz, pero cuando cae la noche la ciudad se parece más a un cuadro de Vermeer, iluminado por la luz de las velas. Los aspectos técnicos de la realización, el trabajo de cámara, el sonido, vestuario y diseño de producción son los puntos fuertes de la película, mientras que el desarrollo de la trama, los protagonistas y la perspectiva subjetiva de la historia no funcionan tan bien. Utilizar la misma técnica y estilo visual que en su primera película parece que se va a convertir en la seña de identidad de Nemes, capaz de recrear una expresión cinematográfica un tanto agobiante y asfixiante, en la que no encontramos ninguna fotografía panorámica de Budapest, sino que la cámara persigue a la protagonista de un lugar a otro en primer plano, con la mayoría de fondos desenfocados o fuera de cuadro (de manera similar a como ocurría en El hijo de Saúl).

Atardecer1

Ver Atardecer es una experiencia por sí misma. Al principio de la película, tanto la historia como los personajes y la ciudad parecen salir directamente de las páginas de un libro de Dostoyevsky, pero a medida que Irisz deambula por la ciudad la ambientación se difumina. Un sentimiento de tristeza se apodera de nosotros cuando comprendemos que la protagonista no va a conseguir reunir la suficiente información para que la situación cobre sentido. A causa de ello, la frustración del personaje se traslada al público, mientras que las interacciones en pantalla resultan un tanto caóticas. Aquellos que logren conectar emocionalmente con la búsqueda de Irisz disfrutarán de un viaje sensorial, mientras que el espectador racional que intente comprender lo que está pasando se sentirá decepcionado. La película carece de la calidad, la sensación de fatalidad y el manejo del tiempo que tenía El hijo de Saúl, y se parece más a una experiencia teatral inmersiva.

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Última modificación: 3 febrero, 2019

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