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A duro la preferente

Por Dita Delapluma

Salir del armario

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El domingo 17 de mayo fue el día contra la LGTBI fobia, mal que desgraciadamente existe y contra el que hay que luchar. Pensemos que, si es preocupante que hasta hace solo treinta años la O.M.S. aún hiciera constar la homosexualidad como una enfermedad mental, más aún lo es el que aún hoy en día haya gente que lo siga pensando, y estén convencido de que si fue retirada de tal lista, no fue por otro motivo que por las coacciones a que fue sometido por los grupos de presión homosexuales. Para evocar la hipocresía de esta sociedad que nos tocó en desgracia (y pasar un rato muy divertido) hoy, en “A duro la preferente”, Salir del armario.

Es el día de la foto de empresa y uno de los contables, François Pignon, no queda enfocado y se deja sacar de ella. No tiene demasiada importancia, pues poco después se entera de que habrá un recorte de personal y le van a despedir. Divorciado, pero aún enamorado de su ex mujer, con un hijo que le ignora, sin amigos, sin autoestima y aparentemente sin ningún atractivo de ningún tipo, su despido es la puntilla y Pignon decide suicidarse. Pero un gatito gris y su nuevo vecino se lo impedirán, yendo con este un poco más allá, ya que también le ayudará a conservar su puesto de trabajo haciendo que se finja homosexual. En un principio, el protagonista no tiene mucha fe, porque él no sabe actuar, pero su nuevo amigo le tranquiliza y sugiere que no cambie en nada su forma de ser. Será la mirada de los demás lo que se altere.

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Con Daniel Auteuil y Gerard Depardieu en los roles protagónicos, Salir del armario nos muestra una historia de autosuperación atípica y muy aguda, en la que vemos la hipocresía humana en toda su crudeza. Cómo un hombre anodino se vuelve de pronto fuente de rumores, interesante e intocable solo por a quién mete en su cama, y cómo la presión social puede hacer que una persona llegue a dudar de su propia sexualidad por intentar obtener las simpatías del nuevo hombre más popular de la empresa, demostrándonos cuán frágil puede ser el que aparentemente es percibido como “macho alfa” y cuánta necesidad de cariño pueden esconder ciertas corazas de agresividad. Francis Veber, el director de La cena de los idiotas, nos brindó otra de sus excelentes comedias que saben hacer reír y pensar.

“Ah, bien, a mi estilo, gracias, Vizzini… ¿y cuál es mi estilo?”. Si no coges esta frase, tienes que ver más cine.

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