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ESTRENO MOVISTAR+: SMALL AXE

3.5/5

Por José A. García Juárez

Desde el 7 de enero está disponible en Movistar+ el último y ambicioso proyecto de Steve McQueen, Small Axe, una extraordinaria colección de cinco filmes de muy diferentes metrajes que conforman un único bloque discursivo, construido a partir de la mirada caleidoscópica del director de West London, en torno a la lucha de una minoría negra oprimida y maltratada por las instituciones y los cuerpos de seguridad de una sociedad veladamente racista, a lo largo de las décadas de los 60, 70 y 80.

MCQUEEN, UNA DÉCADA INVESTIGANDO UNA LUCHA DESCONOCIDA

De entre el maremágnum de grandes producciones mainstream para las plataformas de televisión a la carta, surge esta ficción documental y documentada, concebida y macerada durante más de una década por McQueen, co-escrita con los guionistas, Alastair Siddons (The Mangrove y Alex Wheatle) y Courttia Newland (Lovers Rock; Red, White and Blue y Education), que nos aproxima a una lucha amordazada y latente, cotidiana y callejera, pero también en los tabloides de titulares a menudo tendenciosos y siempre capaces de desvirtuar realidades al antojo de espurios intereses. El título que agrupa los cinco trabajos, “Small Axe”, hace referencia a un proverbio West Indian equivalente al castellano “la unión hace la fuerza”, el pequeño hacha que a fuerza de pequeños golpes va mermando la resistencia del firme tronco.

UN ESTILO INCONFUNDIBLE Y ELEMENTOS SIMBÓLICOS, NOTAS COMUNES A LOS CINCO “SMALL AXE” FILMS

Aunque filmes diferenciados, que incluso atesoran una estética heterogénea partiendo de la fotografía naturalista de Shabier Kirchner, y aparte de las reminiscencias evidentes de Spike Lee y sobre todo del cine de Ken Loach, todos ellos concitan una serie de elementos cuya presencia y significación como parte imprescindible del discurso del conjunto, obsesionan a McQueen. No son sólo la abundancia de planos detalle explicativos que abren cada secuencia o aportan significante, las angulaciones extremas, los desenfoques selectivos, los pragmáticos encabalgamientos, las tenaces imágenes especulares o el uso del juego de sombras, que aportan un cuidado manierismo a algunas de las secuencias (como por ejemplo, esos barrotes sobre los que avanza Leroy Lange en Red, White and Blue, que revelan la  estrella de la población negra del West London cuando trata de encaramarse a las instituciones hostiles a su origen y su color de piel).

Son también los símbolos que permanentemente hacen presentes a las instituciones que definen la identidad del Imperio Británico, y que recuerdan a los antillanos y a sus descendientes que están allí de prestado. Retratos de la Reina, los escudos y las condecoraciones, la Union Jack (presente en el título de uno de los filmes, alusivo a los tres colores que la componen), incluso obras literarias de cabecera, como De ratones y hombres (en Education), cuya presencia como libro vehicular del sistema educativo anglosajón no supone un elemento en absoluto gratuito para McQueen, indican a unos y a otros su posición en el sistema, subrayan la diferencia y apoyan un racismo latente que McQueen vivió y revela sin rodeos y sin ningún tipo de cortesía hacia la sociedad en la que se ha criado.

RADIOGRAFÍA DE LOS CINCO FILMES DE SMALL AXE

The Mangrove, seleccionada en el pasado Festival de Cannes, reconstruye en dos horas aproximadamente, la “marcha de los manglares”, una manifestación contra la violencia policial de tintes raciales frente al célebre restaurante, cuna del Carnaval de Notting Hill, por la que nueve activistas fueron juzgados. Un soberbio trabajo que navega del cine social al género judicial, protagonizado por Letitia Wright y Shaun Parkes, entre otros.

En Lovers Rock, film de ficción de corta duración también exhibido en Cannes, la cámara de McQueen nos arrastra al interior de una fiesta donde el reggae se funde con los cuerpos en movimiento al son de la música homenajeada por el director, en un reducto cálido y seguro, lejos, por unas horas, del entorno social segregado que viven las familias de aquellos jóvenes negros, nacidos y criados en Londres y británicos de pleno derecho, que visitan esos bailes. Es su particular homenaje a la música.

Red, White and Blue enfrenta a esa generación ya plenamente arraigada con su predecesora inmigrante. Una historia real, la de Leroy Lange (interpretado por John Boyega), que decide cambiar su trabajo en un laboratorio por el servicio como policía metropolitano, en el mismo cuerpo responsable de una agresión injusta a su padre. El doble recelo, desde un cuerpo policial inflamado de racismo, y desde su propia comunidad de origen, provoca que ni el discurso finalista de Leroy sobre cambiar las cosas desde dentro le dispense del beneficio de la duda.

Alex Wheatle es el retrato del poeta y activista del mismo nombre, casi en primera persona (el trabajo de guión involucró en gran medida a Wheatle) condicionado por su infancia viviendo un trato segregado, hasta su toma de conciencia en el Brixton candente de inicios de los años 80.

Education constituiría el viaje a la raíz del problema y de su solución. La película presenta a una sociedad británico-antillana de naturaleza matriarcal, con un padre como figura casi ausente, pero conservador y agresivo cuando está presente, que no considera como fundamental para el futuro de su hijo -el protagonista Kingsley- proporcionarle una educación no segregada. McQueen procura más la objetividad que la equidistancia disimulada, pero sin rehuir tampoco algunas responsabilidades compartidas entre la comunidad de adopción y la que sufre la segregación racial.  

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