Crisis económica, sueldos precarios, despidos laborales… son algunas de las circunstancias que provocan que un adulto contemporáneo tenga que regresar a vivir a casa de sus padres. La llamada Generación Boomerang. Esta vuelta al nido es lo que capturó la atención del director Eric Lavaine para abordar una comedia en torno a las consecuencias que puede desatar el reencuentro en la convivencia diaria de una familia.
Stéphanie es una mujer que bordea los cuarenta años, acostumbrada al éxito y al dinero. Su mundo se viene abajo cuando su despacho arquitectónico quiebra. Es ahí cuando necesita nuevamente de la primera persona en el mundo que le tendió una mano: su madre. Desde el momento que llega a su antiguo hogar, el contraste generacional con su progenitora se hace notar. Lavaine juega con muchas situaciones sencillas y jocosas que permiten resaltar esta diferencia de costumbres entre las dos mujeres. 
La filmografía del director de esta pieza francesa se mueve alrededor de la comedia. Desde su primera obra, Poltergay (2006), hasta ahora, Eric Lavaine ha mostrado su predilección por este género, entendiendo que lo ligero y divertido se desprende de lo cotidiano en mayor medida. En Vuelta a casa de mi madre, mano a mano con Héctor Cabello Reyes, construye un guión lleno de humor fresco y orgánico a la historia. No es por nada que este film ha salido victorioso en su país de origen con más de dos millones de espectadores.

Parte de este éxito se debe al casting del filme, capital en la comedia para que la interpretación actoral favorezca el funcionamiento del conjunto. Josiane Balasko es una mujer de una gran trayectoria en Francia como actriz, guionista y novelista. Con desbordante talento da piel a la mamá de Stéphanie: un personaje pintoresco dibujado como una madre tradicional a lo italiano, que cautiva desde el primer segundo gracias a su naturalidad y verosimilitud.

El momento climático de la historia se produce en medio de una cena planificada por el personaje de Balasko. Una comida familiar que pretendía ser especial y reveladora, pero que termina convirtiéndose en una degustación de insultos y reproches entre Stéphanie y sus hermanos. Es en esta secuencia catárquica donde todas las subtramas se interconectan e implosionan, entre diálogos cargados de significado e ironía. 

Las subtramas se resuelven, en cada caso particular, gracias a la intervención de un personaje de la familia. Con esta estrategia narrativa, Lavaine se postula en la tesis de que no importan las diferencias que existan entre los miembros de un núcleo familiar, estos siempre estarán para ti cuando los necesites. Desde esta perspectiva, el conflicto dramático se resuelve de manera realista, aunque pueda parecer milagrosa: los hermanos pasan de arrojarse crueles e hirientes puyas a ayudarse entre sí. Pero es que en la vida real, así de curiosas son esas comunidades humanas que llamamos familias.


Última modificación: 23 febrero, 2020

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