Decían las malas lenguas, allá por 1977, que Star Wars, la nueva y lujosa franquicia de Hollywood, era un plagio de una saga de cómics francesa titulada Valerian: agente espacio-temporal, que había debutado en Francia diez años antes. Pero el tremendo éxito de la fórmula audiovisual de George Lucas ahogó estos clamores y los cómics de Valerian quedaron en un segundo plano, uno casi desconocido para todo aquel que no hubiera crecido en Francia. Y es aquí donde entra Luc Besson, hijo pródigo francés y director de renombre en el Hollywood de los años 90.
Después del éxito de la película El Profesional (León), en 1994, Luc Besson decidió que era hora de llevar a la gran pantalla una de sus ideas más antiguas: un guion sobre una space operaque había escrito con 16 años en el instituto, época en la que estaba inmerso en los cómics de Valerian. En 1997, treinta años después de la publicación del primer álbum ilustrado de Valerian y veinte años después del estreno de Star Wars, Luc Besson estrenó El Quinto Elemento.
Al igual que Star Wars«﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽Francia.nte años despues 90. esconocido para todo aquel que no hubiera crecido en Francia., El Quinto Elemento bebió de muchas influencias. Pero, a diferencia de George Lucas, Luc Besson sí admitió haberse basado en los cómics de Valerian. Es más: se reunió varias veces a lo largo de varios años con Jean-Claude Mézières,  el autor de estos cómics, para que le ayudara en el diseño de producción de la película. El resultado visual final de la película fue un trabajo conjunto de Jean-Claude y Jean Giraud, otro dibujante de cómic francés, más conocido por su nombre artístico “Moebius”.
A lo largo de la siguiente década, Luc Besson tuvo en mente«﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽¨« el lanzarse a hacer una película sobre las aventuras de Valerian, pero no sería hasta 2009, tras ver la película Avatar, de James Cameron, que decidió dar el paso.
Así pues, cincuenta años después de la publicación del primer álbum ilustrado de Valerian y veinte años después del estreno de El Quinto Elemento, Luc Besson ha cumplido un sueño de infancia y ha hecho justicia a una saga de cómics que fueron ninguneados por Hollywood durante muchos años.
Valerian y la ciudad de los mil planetas narra las aventuras de dos agentes espacio-temporales, Valerian y Laureline, que se encargan de mantener la paz en los asentamientos humanos de toda la Galaxia. Tras unos extraños acontecimientos en el núcleo de Alpha, una gran ciudad-planeta donde llevan siglos conviviendo especies de todo el Universo, el Ministerio de Defensa les ordena investigar la situación. La alarmante velocidad a la que se expande la oscura fuerza que asola el interior de Alpha, obliga a Valerian y Laureline a aventurarse en territorios poco amables con las fuerzas del orden en una carrera contrarreloj.

Luc Besson dibuja en esta space opera un futuro muy colorido y lleno de diversidad que entra por los ojos y se niega a salir de tu mente. La película se nutre muy bien de lo que es posible que sea el mejor diseño de producción del año y lo explota de tal manera que sientes que perteneces a ese mundo; no quieres salir, porque te ves sumergido en él.
Los cuarenta primeros minutos de la película son una hecatombe de acción, extraterrestres, explosiones y situaciones que te dejan pegado a la butaca del cine. Digno de uno de los grandes directores del cine de acción. Pero el problema empieza a mostrarse una vez terminan esas primeras secuencias que sirven de introducción al Universo.
En estos últimos años en los que el éxito de una space opera se mide por una supuesta comparativa con Star Wars, han surgido obras como Guardianes de la Galaxia que han cambiado las tornas. Valerian y la ciudad de los mil planetas apunta muy alto desde el principio, pero se desinfla. Se desinfla tanto, que el clímax de la película se convierte en un anticlímax. La película lo tiene todo para triunfar: actores jóvenes que empiezan a despuntar, un director consagrado, un diseño de producción brutal, efectos especiales punteros, incluso al que iba a ser el compositor de la última película de Star Wars: Rogue One. Pero falla en lo más básico: la historia y la evolución de los personajes.
Valerian está descrito como un niñato pendenciero y algo machista. Laureline supuestamente es una gran luchadora, aunque solo se recalca de ella su gran belleza, pues cada vez que va a luchar, Valerian interrumpe y la obliga a apartarse. Algo absurdo si supuestamente los dos son los mejores agentes espacio-temporales. Sus arcos son cortos y repetitivos, y a menudo abundan los clichés del cine de aventuras.
En líneas generales, Valerian y la ciudad de los mil planetas es una gran idea con un buen acabado, perfecta para disfrutar de una tarde de cine. Llega en un gran momento para honrar el medio siglo de las aventuras de Valerian y Laureline, pero se desinfla y decepciona a los más acérrimos de Luc Besson, Jean-Claude Mézières y las space operas. Pero no es una decepción por haber destruido un género o una obra, ni mucho más lejos, sino un anhelo a lo que podría haber sido. Porque se siente en el aire que la película apuntaba alto porque podía llegar a lo más alto sin problemas, pero entre medias se dejó algunos pasos más que necesarios.

Última modificación: 23 febrero, 2020

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