(Artículo publicado originalmente en tierrafilme.com)
En 2009 salió a la venta Orgullo y prejuicio y zombies, una improbable versión del clásico de Jane Austen en el que se incluían los famosos muertos vivientes que tan de moda están en el siglo XXI. La novela de Seth Grahame-Smith se convirtió en un inesperado éxito que no solo dio pie a una precuela y a una secuela, sino que además la temática de esta mezcla de clásicos y horror dio lugar a otras obras como Sentido y sensibilidad y criaturas marinas o Abraham Lincoln: Cazador de vampiros. Ahora, unos cuantos años después, y con el hype por este tipo de productos bastante calmado, llega la adaptación del éxito de Grahame-Smith tras muchos años de preparación. Por su reparto sonaron el nombre de gente como Scarlett Johansson o Natalie Portman (que finalmente figura como productora), aunque finalmente no llegó a contar con una estrella de ese calibre, pero sí que hay unos cuantos rostros conocidos en su metraje. Pero, ¿con que nos vamos a encontrar?
Orgullo + Prejuicio + Zombies (inexplicable la aparición de los símbolos de más en la traducción española) es justo lo que su nombre promete, sin ningún tipo de truco. Nos encontramos con la historia y los personajes que nos trajo Austen, con ese eje central de la historia formado por la relación turbulenta entre Elizabeth Bennet y el Sr. D’Arcy. También encontramos todos los secundarios, y la ambientación británica del siglo XIX. Incluso hay escenas y diálogos enteros extraídos del original. Todo ello aderezado con una guerra entre los zombies, que han ido proliferando por el país, lo que ha llevado a los aristócratas a aprender distintas artes marciales. Tal y como suena, la mezcla parece imposible, aunque es cierto que la sensación general es de que hay un esfuerzo interesante y ciertamente conseguido para que esto no parezca un engendro.
La película posee el tono del clásico, lo que hace de ella una película que no puede considerarse mala pero que juega en contra de sus propios intereses. Al fin y al cabo, se mezcla esa subyacente sátira social y la historia de amor con unos particulares zombies con unas reglas novedosas. El elemento fantástico no aporta realmente nada al resultado final, por lo tanto uno podría esperar que se aprovechase esto para llevar la película a un terreno más desaforadamente divertido y desfasado, en el que el cachondeo se apoderara de la función, provocando un gozoso placer en el espectador. Pero realmente se queda muy corta en el aspecto, teniendo el ritmo del Orgullo y prejuicio clásico, aderezado con algunas escenas protagonizadas por las criaturas.
Tampoco ayuda en este aspecto una realización burda en las escenas de acción por parte del director Burr Steers, mucho más entonado en las escenas dramáticas. Merecían los combates y las coreografías una espectacularidad alocada, y sin embargo se resuelven de manera mecánica. Aunque una adecuada y clásica fotografía ayuda en el aspecto visual. Pero, sin duda, la mayor satisfacción la proporciona el reparto, encabezados por unos encantadores Lily James y Sam Riley, que adoptan con increíble naturalidad los dos aspectos tan diferentes de la cinta. De entre los secundarios, destacar un divertidísimo Matt Smith, un robaescenas de manual.
Así pues, puede que la película llegue demasiado tarde, pero a pesar de las malas críticas recibidas, no puede considerarse un producto fílmico despreciable. Calidad tiene, lo que es incluso contraproducente con la promesa de su propuesta original. Le falta soltarse la melena para haber sido todo lo divertida que podría. 
Última modificación: 23 febrero, 2020

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