El plano de una pareja paseando por la playa sirve como leit motiv de Nahid. Desde un lado una cámara de vigilancia les graba permanentemente, y por el otro se impone el mar embravecido. Esta imagen podría definir la película de la directora iraní Ida Panahandeh. La de dos personas que se encuentran atrapadas, asediadas por elementos que no alcanzan a su control. Deben permanecer en medio, juntas, luchando para que su amor siga vivo y no acabe con él un entorno que a todas luces se muestra hostil.
Hace cuatro años Nader y Simin, una separación supuso un torbellino cinematográfico a nivel internacional, gracias a su exquisita capacidad de retratar las leyes matrimoniales y las relaciones sociales presentes en Irán. Nahid aborda de nuevo esta interesante temática, contando la historia de una mujer divorciada que se debate entre permanecer con la custodia de su hijo o ponerla en riesgo contrayendo matrimonio con el hombre del que está enamorada. Con este punto de partida, el espectador occidental se tiene que poner en la situación de desenmarañar cuál es el motivo por el que la protagonista tiene que tomar una decisión tan difícil, cuando en nuestros países algo así sería (generalmente) impensable. Y aquí aparece la razón de ser de la película. La de cuestionar el sistema legal iraní con respecto a la relaciones maritales. Puesto que una mujer que se vuelve a casar, pierde la custodia de su hijo y pasa automáticamente al padre, por mucho que éste (tal y como sucede en la película) no sea merecedor de ella.
Si bien es cierto que no llega a la excelencia del filme de Asghar Farhadi, puesto que la trama resulta cortada por unos patrones más académicos y donde la capacidad de sorpresa es menor, esta película se erige como un perfecto documento educativo que podía ser proyectado en cualquier instituto. En primer lugar nos pone en un contexto donde conviven estrechamente la religión y las leyes. A menudo escuchamos a los personajes nombrando a su Dios como juez y parte de la causa que defienden. Además, todo ello vinculado a un costumbrismo que se mantiene férreo e inoculado hasta las entrañas de esa sociedad, donde las familias juegan un papel esencial a la hora de determinar el futuro de sus miembros. Nahid no puede ser libre, vive en una ciudad pequeña y las paredes hablan. Enseguida llegarán las noticias a oídos de sus hermanos y la maquinaria se mueve. La vigilancia es permanente, o acatas las costumbres o la familia te obliga a ello.
Vislumbramos un tono muy parejo a ese cine social europeo de autores como Ken Loach o los hermanos Dardenne, principalmente en la subtrama del hijo de Nahid, que en ciertos momentos parece casi el protagonista de la historia. Una víctima a todas luces de la situación que viven sus progenitores. Si ellos no pueden poner orden en sus propias vidas, será imposible que lo hagan en la del pequeño Amir Reza , que es incapaz de comprender por qué su madre se muestra tan intransigente con él y por eso toma la vía fácil. La de irse con su irresponsable padre porque sabe que le dejará campar a sus anchas. Y en este sentido, observamos como el machismo es otra batalla a la que debe enfrentarse la mujer iraní. Continuamente se suceden planos donde los hombres pueden disponer de su vida a su antojo, jugando en los bares, regentando sus propios negocios, etc, y a la mujer lo único que se le presentan son trabas, incluso en algo tan personal como decidir a quién amar.
Nahid condensa en su metraje una buena parte de estas faltas de libertades que sufren las mujeres en Irán. De esta manera, puede resultar forzado que tantos acontecimientos adversos sucedan uno tras otro en un arco tan reducido de tiempo. Pero entendemos que la función principal del filme es la reivindicativa, la de ofrecer un retrato lo más amplio posible de esta problemática para a su vez cuestionarla. “También los prisioneros tienen derecho a tomar el aire” dice Nahid en un momento de la película. Su directora Ida Panahandeh lo hace dando voz al género femenino de su país, para que alguna vez tomar el aire no sea un derecho de un prisionero, sino una certeza de libertad.

Biografía del autor

Alejandro González Clemente (Cáceres, 1986) es Licenciado en Comunicación Audiovisual (UCM) Ha trabajado como Coordinador de Producción en tres ediciones del FICI – Festival Internacional de Cine para la Infancia y la Juventud y en la iniciativa de cine para niños Verdi Kids de Cines Verdi Madrid
Desde 2010 se ha especializado en periodismo cinematográfico, realizando varios cursos de crítica de cine, como el Curso-Taller Caimán Cuadernos de Cine (ECAM). Es colaborador habitual en La gaceta independiente y Revista Versión Original, así como en los portales web Nuevos Vagos y Revista Magnolia.
Actualmente trabaja en el Departamento de Gestión y Secretaría académica de la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI. 


Última modificación: 23 febrero, 2020

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