Aquello que es complejo nos atrae, nos distrae y nos aterra a la vez. La suma de estas tres sensaciones hace que entremos en un estado de pánico gustoso, como si de una droga se tratase.  Cuando nos sumergimos en esta especial adicción, constante y ambigua, a veces anhelamos volver a aquel mundo inocente y lejano llamado niñez. Esa época donde no era necesario tener problemas, ni picos anímicos basados en la depresión y la felicidad. Y es que pensamos que, durante nuestra infancia, no sufrimos aquel hechizo difícil de pronunciar, a veces tabú, que tanto se utiliza en publicidad y poco en la vida real. Sí, el sentimiento y significado del amor.
Marc Webb presenta su nueva obra y nos la explica como una película romántica; el cártel no nos demuestra lo contrario con el apasionado beso del joven y atractivo Callum Turner y la siempre radiante Kate Beckinsale. Asombrada me quedé al ver que no eran los emblemáticos Pierce Brosnan y Cynthia Nixon los protagonistas del romance, y satisfecha permanecí al captar un único mensaje de toda la historia que nos cuenta el director de 500 días juntos, y es que, sin una realidad, nunca va a existir una ficción. Escribimos historias en papel y tomamos decisiones día a día; cuando se crea un personaje, no es posible dominarlo porque, por sí solo, construye su propio camino acompañado de la moral, la ética, los valores o como quiera llamarse, que un escritor otorga a sus vivas criaturillas. Allan Loeb, el encargado de demostrar una vez más la magia que atesoran algunos guionistas, consigue entrelazar diferentes historias de amor, del pasado y presente, entre padres e hijos, amantes, maridos, mujeres…

El director juega con ventaja al tener el buen gusto de utilizar la gran canción de Simon & Garfunkel para titular y poner banda sonora a su bonita historia; The only living boy in New York, bajo la lluvia y con un joven perdido por el mundo adulto y por una ciudad que siempre ha jugado un papel único, especial y muy característico en toda película. Asimismo, juega con toda clase de estereotipos para mostrar que se puede romper con todo si uno quiere y puede, porque no siempre querer es poder.

Es posible que sea un error o un hecho traumático relacionar una aventura romántica con tan solo dos personajes. La película va un poco más allá; nos cuenta la ilógica de lo convencional y lo cotidiano, el miedo al riesgo, a la honestidad en uno mismo, el mal uso de la mentira, de la pasión, de la admiración y, sobretodo, la equívoca interpretación de lo que es el amor y en qué y con quién se relaciona. Como decía la abuela de la escritora iraní Marjane Satrapi en una de sus novelas gráficas: «hablar a espaldas de los otros sirve para airear el corazón». Y es que desahogarse, para poder entender nuestros impulsos, relaciones y lágrimas, es necesario y casi obligatorio. Necesitamos experimentar para saber, y hablar para ordenar.



Última modificación: 23 febrero, 2020

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