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CINE O SARDINA, con Álvaro Lion Depetre

“SARDINA”

Mi amigo, Miguel Jiménez Hernández, gran pintor, conociendo mi pasión par las sardinas -no solo como plato, sino por ellas mismas, esos cardúmenes en el mar que son pura plata y diamante que alimentan a los grandes cetáceos– me acaba de regalar un cuadro de sardinas. Dice él que para agradecer las que tomó hace poco en casa escabechadas.

CUADRO DE SARDINAS

Las sardinas escabechadas son parte de mi vida desde que en 1970 -más o menos- rodé el primer documental que se hizo sobre Doñana. Primavera en Doñana se llamó. Fue bien por el mundo. Entonces rodar animales era un milagro. Hace poco, gracias al botón rojo de TVE, lo he vuelto a ver, mucho mejor en color, aunque suprimen los juegos de imagen, porque, hoy, resultan sumamente torpes.

LA RECETA DE ALDEA DEL ROCÍO, HUELVA

Durante el rodaje vivimos en La Aldea del Rocío. Cuando salíamos a rodar ya estaba Carmencita -25 años y tres niños-, metiendo el cántaro de barro del gazpacho recién hecho en el pozo para que estuviese fresco cuando volviéramos a comer. También nos daba sardinas en escabeche, que aguantaban quince días y más el calor del verano de Huelva. Allí aprendí a hacerlas.

EL CLÁSICO DE CABRERA INFANTE

Todo esto me ha traído a la mente el libro del autor cubano Guillermo Cabrera Infante, Cine o Sardina, que conocerán casi todos los cinéfilos que lean esta página. En suma, la mamá de Cabrera Infante, de familia muy humilde, les daba a elegir entre cenar, o ir al cine, no había para ambas cosas, elegían cine.
Todo esto me ha traído a la mente el libro del autor cubano Guillermo Cabrera Infante, Cine o Sardina, que conocerán casi todos los cinéfilos que lean esta página. En suma, la mamá de Cabrera Infante, de familia muy humilde, les daba a elegir entre cenar, o ir al cine, no había para ambas cosas, elegían cine.
Años después, siendo ya Cabrera Infante, Cabrera Infante, estuvo en España para inaugurar el primer Festival de Cine de Málaga. Comió sardinas al espeto, como para empatar las que había dejado de comer en Cuba, y vio cine. Le preguntaron cuál era la película española que prefería y contesto que Vida en sombras, una peli de 1948 que no conocía nadie: única película de un señor Llobet García, protagonizada por Fernando Fernán Gomez, que destrozó la censura. Yo la ví muchos años después: blanco y negro, y me dejó muy buen sabor de boca.

SARDINAS Y BELUGA EN NUEVA YORK

En Nueva York, en un restaurante famoso, encontré un día en la carta spanish sardines in olive oil (entre paréntesis: “Miáu”). El precio me dejó asombrado, era el mismo que el de 30 gr. de caviar Beluga. Tomé caviar, sintiéndome feliz porque me costara lo mismo que una lata de sardinas.

En el año 73 llevé al Festival de San Sebastián un corto, excesivamente largo, titulado Haciendo Camino -sin ninguna relación con don Antonio Machado-. En el reparto estaba, como actor, otro pintor de mucho talento, Alfredo Ibarra; semanas después, me mandó esta caricatura, hecha de memoria en la que estamos todos “clavados”.

SARDINAS A LA BRASA EN SAN SEBASTIÁN

Sardinas a la brasa en la playa de la Concha, vino  y baile… La Concha de Oro se la llevó una magnífica peli española El Espíritu de la Colmena, de Víctor Erice. Y a mí me llamó esa noche la plana mayor del Festival que estaba cenando en un restaurante renombrado. El director, Echarri, me explicó, muy amablemente, que era imposible dar el premio del largo a una peli española y el del corto también. Yo, con veintipocos años, no supe tomármelo bien, me salió esa jodida soberbia juvenil y le armé en la cena un pifostio de mucho cuidado. Error, por no darle su verdadero nombre. Meses después, un amigo común me decía: “Tu película le encantó a Echarri y había comentado que  si tuvieras un guion para largo sería interesante leerlo. La cagaste”. Me parece recordar que el premio al mejor corto ni siquiera se dio.

VIRILIDAD Y… SARDINAS

Dicen que el Indio Fernández, director de pelis como María Candelaría, Palma de Oro en el Festival de Cannes, presumía de que su fortaleza sexual venía de desayunar todos los días una lata de sardinas en aceite de oliva español… No lo he comprobado.

Sigo haciendo sardinas en escabeche, plato supremo y finísimo, y siempre me acuerdo de aquella hembra -sí, he escrito hembra– maravillosa y potente, morena y bellísima que era Carmencita con sus tres niños, que me enseñó a cocinarlas.

No sé por qué las sardinas salen tan poco en el cine.

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