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Hoy: En cubierto de plata, con Álvaro Lion Depetre

El otro día me vino a ver una vieja amiga, muy aficionada a la ópera -yo no lo soy tanto-, pero le puse una versión de “Carmen”, en la que Plácido Domingo canta el Don José. Fue oír su voz e indignarse: ¿Cómo podía yo ponerle a Plácido Domingo? Un abusador de mujeres… ¡Un canalla! Quité el disco y acabamos en paz, al menos yo, porque ella ya estaba envenenada y envenenada se fue, dudando de mi amistad y mi cariño.

Canción del Sur, Lo que el viento se llevó, Matar a un ruiseñor

Y me dejó pensando: Lo que el viento se llevó no se puede ver en algunos estados de EEUU, porque resulta racista… Pensé que Canción del Sur, de Walt Disney, aquella película que yo vi varias veces en mi infancia y juventud, que me encantaba con las historias del Hermano Rabito, también está prohibida por su propia productora, porque dicen, presenta a un negro en estado de inferioridad, el Tío Remus, aquel que, para mí, era una estupenda persona (negra, eso sí).

Lo que el viento se llevó
Canción del Sur

En otros lugares se prohíbe Matar a un ruiseñor, película dirigida por el magnífico Robert Mulligan en 1962, cuya lectura se recomendaba en muchas escuelas de Norteamérica. Entre sus páginas, la novelista Harper Lee aseveraba: Siempre di la verdad, no hagas daño a otros, y no creas que eres el ser más importante sobre la tierra. Rico o pobre, puedes mirar a cualquiera a los ojos y decir: Puede que no sea mejor que tú, pero soy tu igual”.

Recordar, mejor que olvidar. Una prosperidad asentada en el trabajo esclavo.

Es posible que, dentro de poco, la esclavitud de color, es decir, la de los negros esclavos, sea un tema del que no convenga hablar (según el establishment) para no ofender a los negros, y puede que llegue el día en el que esa esclavitud no haya existido siquiera. Pero existió, y en muchas ocasiones eran negros africanos los que vendían a otros negros, de tribus más débiles u odiadas, a los esclavistas blancos.

3_EstatuadeColonDerribado

Me entero de que en EEUU se derriban estatuas de esclavistas. Me extraña. ¿No fue esclavista George Washington, con sus enormes plantaciones en Virginia? ¿No lo fueron otros muchos presidentes? ¿Van a tirar sus estatuas? Lo peor que podemos hacer es olvidarnos, dejar que desaparezca ese momento de nuestra historia. Mantengamos las estatuas de aquellos próceres con una placa: “Este caballero fue comerciante de esclavos”. Muchas grandes fortunas de España, sobre todo en Cataluña, tienen ese origen.

España fue el último país que firmó abandonar la trata de negros, en 1860.  Nuestro país recibió en 1820 40.000 libras del gobierno inglés para dejar la trata esclavista. Alguien, probablemente Fernando VII, “El Deseado,” se embolsó el dinero, y España no renunció a ese comercio hasta 1880, casi, casi cuando se inventaba el cine.

La corrección y lo socialmente aceptable transformando la historia y el arte.

Pero no olvidemos que las gentes que vieron aquellas maravillosas películas de las que hablaba al comienzo de este artículo, fueron las que provocaron los cambios, los de la revolución de mayo. Que hubo una mujer negra, Rosa Parks, que no cedió su asiento en un autobús a una persona blanca.

Estamos encubriendo la verdad de nuestra historia: grandes artistas dejan de serlo por sus ideas o su forma de llevar la vida, En Francia está feo leer a Céline, en el mundo ver películas de Woody Allen.

5_LuckyLucke

¿Hacia dónde vamos? Los cuentos de Perrault ya están arreglados: Caperucita no es Caperucita, y Barba Azul anda desaparecido… Hasta Elmer Gruñón, que perseguía al pato Lucas con su escopeta, ya no lleva escopeta; ni el vaquero, Lucky Luke el cigarrillo caído en la boca, ahora es una hierbecilla. Esto tiene peligro. Acabaremos encubriéndolo todo. Todo será una nueva realidad. Encubierto de plata lo que fuimos. En cubierto de plata, comeremos lo que nos den.

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